Jesús Javier Moreno Parra
Resistencia y escuela frente
a la Trinidad de los Mercados.
"Porque
las herramientas del amo no desmantelarán nunca la casa del amo." (Audre Lorde).
¿Qué quiero decir cuando hablo de resistencia en la
escuela? Para entender este concepto debemos buscar de entre las funciones de
la escuela la propiamente educativa. Para mí, tomando como referencia a Esteve
(2010), la Educación no es socialización ni instrucción, o al menos no es sólo
eso. Los procesos educativos persiguen dotar a los sujetos de autonomía,
sentido crítico, de una mejor comprensión del mundo y, en última instancia,
liberarlos. ¿De qué debemos liberarnos? He aquí una apasionante paradoja del ser
humano; pues aunque la Educación forma parte de la cultura, alimentándose de
ella, es a su vez capaz de cuestionarla y criticarla, dotando a las personas de
herramientas creadoras de nueva cultura.
Entonces, si la mayor responsabilidad de la escuela
radica en educar, ¿de dónde surge la necesidad de resistir? Debemos atender a
lo que he llamado la Trinidad de los "Mercados". En la sociedad
postindustrializada de nuestros días nadie pone en duda la "validez"
del pensamiento único y la hegemonía de la doctrina neoliberal. Este abyecto
"credo" actúa en simbiosis con unos medios de comunicación en manos
de ellos mismos: los fundamentalistas del capitalismo más exacerbado. Pero para
hablar de Trinidad de los "Mercados" nos falta un elemento, que actuará
como el caldo de cultivo perfecto: la cultura postmoderna, en la que impera el
deseo compulsivo e inmediato por tener. Otra característica de la cultura predominante
es la fragmentación social, donde la persona se vuelve individuo. Por si esto
fuese poco, volvemos a toparnos con otra paradoja, pues aunque la sombra del
pensamiento único todo lo cubre, el sujeto posmoderno es con frecuencia víctima
de un relativismo radical, imponiéndose el pragmatismo a la ética. Son tiempos
de expropiación de derechos, en los que, como señala Andrés Villena (2012), se
privatiza incluso la realidad. Tenemos pues un "sistema" compuesto
por el neoliberalismo, la globalización y la posmodernidad; elementos que
tienen una fuerte sinergia y cuya potencialidad es viral.
¿Cómo reacciona la escuela ante este fenómeno?
Podríamos decir que es cómplice, casi coautora; siempre que se entienda ésta como
estructura, pues desde la base, desde la subjetividad de los profesionales, se
libran batallas diariamente.
Creo que la escuela privada y la concertada son creadoras
de desigualdad; pero incluso la escuela pública, tal y como se concibe en
nuestros días, provoca en mí sentimientos encontrados. Desde la ilustración ésta
ha sido una herramienta de empoderamiento; aun cuando podamos cuestionar que la
finalidad de la escuela fuese proveer a la industria de mano de obra
semicualificada en lugar de perseguir romper las cadenas de la opresión, nadie
puede dudar de los beneficios que ha aportado a la sociedad. Pero es, quizás,
por estos orígenes por los que el modelo de escuela tradicional no se
corresponde con un modelo propiamente educativo. La escuela de hoy mantiene
casi intacta su esencia primigenia, aunque, como señalan Moreno y Deval (2004),
las nuevas generaciones poco tienen que ver con las anteriores. Aun así, se mantiene
una concepción a imagen y semejanza de la industria, en la que clasificación,
estandarización y segregación son una realidad. Donde se pretende adaptar a las
niñas y los niños privándolos de sus singularidades, de su humanidad. Esto se
debe a que la escuela, nos guste o no, obedece
al sistema en el que se encuentra, siendo su función la de proveer de pseudociudadanos
que sirvan al sistema. Servir en ambos sentidos, ser útiles y serviles. Por
esta razón el pensamiento crítico es considerado por los acólitos neoliberales
un cáncer que debe ser erradicado.
Concluiré
recordando lo que es para mí la función principal de la escuela: educar. Entendiendo
la Educación como un mecanismo liberador, y teniendo en cuenta las palabras de Gimeno Sacristán (1995), no podemos ser libres
en un contexto en el que impera la desigualdad. Necesitamos poder ser, tener
posibilidades de ser y de participar. Es por esto que la nueva escuela debe
erigirse como el bastión en el que se fragüe una ciudadanía participativa,
crítica, ética y por tanto respetuosa, capaz de plantar cara al opresor y de
derribar argumentos adulterados que pretenden justificar lo injustificable y
naturalizar lo cultural, lo cruel: la desigualdad.
Bibliografía:
ESTEVE
ZARAZAGA J. M. Educar: un compromiso con
la memoria. un libro para educar en libertad. Barcelona. Ediciones Octaedro,
pp. 28-52. 2010.
GIMENO
SACRISTÁN J. Diversos y también
desiguales. ¿Qué hacer con la Educación?. Kikiriki. Revista del Movimiento
Cooperativo Escuela Popular, 38, pp.18-25. 1995.
MORENO
M. C. y DEVAL J. El sistema educativo : una mirada
crítica. (Coords)
José Gimeno Sacristán, Jaume Carbonell Sebarroja, Barcelona. CissPraxis, Cap.
3, pp. 55-71. 2004.
VILLENA OLIVER, A. La privatización de la realidad. Público.es. [en
línea]. 9-3-2012 [Consultado:
25-4-2014]. http://blogs.publico.es/dominiopublico/4896/la-privatizacion-de-la-realidad/.